Me desperté en aquella playa de mar embravecido. Había caído desde no
sé donde; tal vez desde arriba. El cielo se me antojaba inalcanzable, y mirarlo
dolía; pero algo en mi interior luchaba para alcanzarlo. Me puse de pie y
observé mi alrededor. Las olas morían en aquella arena pardusca levantando
espuma. A mi espalda, unos diez metros, una pared de piedra oscura, como el
granito, ascendía hasta perderse en las alturas. Imposible trepar por allá;
cuanto más indeciso estaba por ir a un lado o a otro, la suave pero caliente
brisa llevó a mis oídos un grito que parecía llamarme.

- Algo de ayuda nos vendría
bien, compañero.- sugirió el que estiraba de la pierna.
No contesté, pero sí que ayudé. Intentamos quitar la piedra de encima
de aquel desdichado. La alzamos al límite de nuestras fuerzas y la echamos a un
lado. No estaba herido, como bien aventuré anteriormente. Aquel pedrusco
evitaba que se moviera. Tras agradecimientos verbales, pregunté dónde nos
encontrábamos; sus respuestas, como temía, eran vacuas. Así pues, ninguno de
los tres sabíamos el lugar donde estábamos.
- Deberíamos de recorrer la
playa hasta donde podamos. Aquí no nos podemos quedar, y el acantilado que
tenemos ante nosotros es inaccesible.- dijo el de la pierna.
- Pero, ¿qué dirección seguir?-
pregunté.
- Vale la pena intentarlo hacia
nuestra izquierda.- contestó el otro.

- Esa es nuestra puerta a la
salida.- dije, sin saber muy bien el significado de mis palabras y el por qué
las había dicho.
Pero aquello alentó a mis nuevos compañeros y, dicho y hecho empezamos
a recorrer la costa para bordear el golfo. Nuestra ilusión y esperanza se
truncó al instante al ver un desprendimiento de rocas que tapaba nuestro
camino. Podríamos haber ido por el mar, pero algo me decía de que era mucho más
peligroso de lo que aparentaba sus insidiosas aguas. Miramos aquellas titánicas
moles que nos impedían el paso, intentando idear algún plan para atravesarlas.
Por fin, uno de ellos tuvo una idea.
- ¡Fijaos!¡Fijaos bien!¡En esa
pared hay lianas! Podemos escalar hasta el otro lado.- dijo excitado.
- ¿No te parece que es mucha
casualidad que esas lianas estén precisamente ahí?- comentó el tercero mientras
se acercaba y prendía una de ellas. Dio un tirón hacia abajo; parecía
resistente.- Está bien. Podemos intentarlo…
Una confusión de sonidos se oyó a unos centenares de metros de donde
estábamos. Era una mezcla de gritos, balbuceos, aullidos y mezcla de palabras
en distintos idiomas. Era imposible entender una sola cosa de aquel maremágnum.
Atisbamos de donde venía y vimos una horda de personas, si es que eso podría
llamarse personas, ir hacia donde nosotros estábamos. La mayoría estaba
desnuda, con la ropa colgando a jirones en sus mancillados cuerpos. Todos ellos
tenían el rostro demudado y deformado cual grotesca máscara de un dolor
indefinible. Eran muchos, pero parecía una masa bullente de carne con miles de
cabezas, brazos y piernas.
Nada más vernos, esa gente o lo que fuera, corrió en nuestra busca,
gritando como posesos y estirando sus brazos famélicos hacia nosotros. El camino
estaba decidido; ellos lo habían decidido por nosotros. Nos agarramos a las
lianas y comenzamos la escalada. Íbamos a muy buen ritmo y, justo al llegar a
la mitad de aquel acantilado negro, aquellos harapientos llegaron donde hacía
un momento estábamos nosotros y comenzaron también a subir. Lo horrible no era
su aspecto, ya de por sí repulsivo, sino que no dejaban de aullar como si
fueran lobos.
Al ver que más pronto que tarde nos darían alcance, tuve la idea de
balancearme hacia donde estaban las rocas del desprendimiento. Teníamos que
cruzarlas por arriba y luego bajar como buenamente pudiéramos por el otro
costado. Mis compañeros me vieron e imitaron exactamente lo que hacía. A las
cuatro o cinco intentonas, alcanzamos la zona de desprendimientos y escalamos
por las piedras hacia la cima y después hacia la otra cara de la costa.
Cuando llegamos abajo, destrozados nuestros nervios al ver que
nuestros perseguidores no cejaban en un intento por darnos alcance, echamos a
correr hacia la torre. Esto les debió de excitar aún mas de lo que ya estaban,
pues redoblaron sus esfuerzos; En un instante, las rocas desprendidas fueron
literalmente cubiertas por aquellos hombres mientras bajaban de cualquier
manera.
Pero al llegar a las puertas de la torre, algo asombroso ocurrió: se
oyó un mugido estruendoso, que parecía brotar de la misma tierra, como si un
gigante se hubiera despertado al oír toda aquella algarabía. Y entonces, un
temblor sacudió aquella masa de tierra haciendo que los mares se agitaran en
una mezcla de agua y espuma.
De repente, donde estaba toda aquella masa de gente, se abrió la
tierra a semejanza de unas fauces titánicas y la mayor parte de aquellos
desdichados fueron tragados sin piedad ni concesión alguna. De alguna forma, la
tierra no se quebró siguiendo el proceso natural de los terremotos, sino que
parecía flexible como si de una monstruosa boca se tratara.
Y de aquellas profundidades insondables incluso para la imaginación
más ducha, volvió a surgir ese sonido infernal parecido a un mugido que hizo
temblar el acantilado en su extensa magnitud. De aquella abertura brotaron casi
al instante unos tentáculos parecidos a lombrices que buscaban a los pocos
dispersos que por aquella zona quedaban. Se alzaron hasta una altura de varios
metros y después cayeron como laxos, reptando velozmente en busca de sus
presas. En cuestión de pocos segundos, los desdichados fueron agarrados,
arrastrados y engullidos sin demora por la diabólica abertura.

El hombre de la pierna topó en la penumbra con una escalera que subía
en espiral, anclada a la pared. Sus escalones eran de madera. No perdimos el
tiempo en la base de la torre y subimos casi jadeando. Cada vuelta que dábamos
a la torre por la escalera nos llevaba a un piso; en el primero de ellos no
encontramos nada digno de mención; casi no nos detuvimos para mirar nada que
valiera la pena. Nuestra meta era huir de aquella cosa que aún atisbaba en la
puerta para cogernos.
Pero ¡ay!; nuestra desdicha no había hecho más que empezar. Al llegar
un par de pisos más arriba, los escalones empezaron gradualmente a endurecerse.
Uno de mis compañeros insinuó que la madera se había petrificado en este nivel;
por añadidura, cada piso que subíamos era más frío. Llegamos a uno que tenía
cinco puertas en sus paredes; era del todo absurdo pensar que llevaban a alguna
habitación, pues la torre, vista desde fuera, era completamente cilíndrica. Sin
embargo, cruzamos una de esas puertas. Lo que allí había nos dejó completamente
asombrados. Se trataba de un espacio de unas dimensiones respetables,
completamente lleno de utensilios de lo más variopinto; todos ellos tenían un
estado bastante avejentado y el polvo y las telarañas reinaban por doquier. En
un hueco, de dimensiones de una pequeña cuadra, había un carro que había
conocido tiempos mejores y que ahora se hallaba en un estado de tal decrepitud,
que tal vez el menor movimiento de sus ruedas acabarían por transformarlo en
polvo.
Aquella habitación no gustó al hombre de la pierna, que salió
asustado, murmurando algo para sí mismo; algo parecía serle familiar en aquel
sitio y lo evitó volviendo al pasillo. El que quedaba y yo inspeccionamos un
rato más aquel lugar y fue en aquel momento cuando un chillido quebró el
silencio de la torre. El grito me erizó el vello de la nuca y los brazos al
entender que era el hombre de la pierna el que había gritado. Salimos raudos a
ver qué era lo que había ocurrido, pero no le encontramos por ninguna parte; ni
siquiera había un rastro de sangre que evidenciara que algo había sucedido.
Fuimos a la escalera para ver si estaba allá, pero no observamos nada
de nada. Al mirar hacia arriba, por el hueco, vimos una sombra que caía hacia nosotros.
Nos apartamos hacia la pared horrorizados y, cuando la sombra llegó hasta
nosotros vimos con ojos de absoluto terror, que era nuestro compañero muerto.
Pero no pendía de ninguna soga; se
mantenía inerte en el aire, como si algo, una fuerza malévola quizás, lo
mantuviera en ese estado. Su cuerpo giraba como el cuerpo de un ahorcado y,
cuando su rostro estaba frente al nuestro, abrió los ojos. Pero en esos ojos no
había ni rastro de vida; no, al menos, la que nosotros conocemos por vida. Su
rostro adquirió una sonrisa hiriente que le llegó casi hasta el nacimiento de
sus orejas y dejó ver unos dientes astillados y podridos mientras por su boca
profería versos en una lengua que no quería ni podía entender. Sus brazos y
piernas comenzaron a elevarse y a doblarse de manera que ningún ser humano ha
podido realizar jamás, como si no poseyera codos o rodillas; de igual manera
los dedos se doblaban y arqueaban en ambos sentidos. Su voz susurrante se alzó
gradualmente en una letanía de palabras que parecían tener un malsano
significado, como si de su boca salieran sapos y culebras. Y, en el punto
álgido de su impío rezo, cuando ni siquiera las manos podían proteger nuestros oídos,
cayó cual marioneta por el hueco hasta perderse en la oscuridad reinante de la
base de la torre.
No nos atrevimos a asomarnos por nada en el mundo; solo podíamos hacer
una cosa: seguir ascendiendo. Queríamos llegar al punto más alto y allá,
quizás, conseguir nuestra salvación. En pos de nuestra meta, subíamos piso tras
piso y notamos un cambio gradual en la ascensión; los muros empezaban a
clarear, y las escaleras se hacían así mismo más blancas. Llegó un punto en que
las paredes de la torre eran de mosaicos blanco con cenefas rojas y el suelo de
las escaleras que pisábamos, así como el piso, era del más puro mármol. Pasamos
por un descansillo que tenía una imagen labrada en madera coloreada que
representaba a una mujer con algo en su brazo. Su mirada, con el ceño fruncido,
era espeluznante; tenía el otro brazo levantado y dos dedos parecían
amenazarnos a la par que su mirada, que parecía seguirnos a todas partes.

A pesar de aquella blancura, aquella iluminación, no pude evitar
pensar que no estábamos ni la mitad de bien que anteriormente. Sin embargo, el
único compañero que me quedaba en aquel lugar, parecía no advertirlo. Siguió
acercándose más a aquella misteriosa mujer que le daba la espalda. Finalmente
la asió del hombro suavemente y le dio la vuelta. Y el espectáculo al que
asistimos casi me roba la cordura de un plumazo.
Aquella anciana señora tenía el rostro congestionado de tal manera que
era blanco casi como las paredes. Las venas aparecían como un grotesco mapa en
su piel y los ojos eran dos pelotas blancas a punto de salirse de sus órbitas;
la boca estaba sellada, como si se la hubieran cosido y, cuando mi compañero le
dio la vuelta, empezó a babear por las comisuras, el único hueco que tenía
abierto. Con un sonido como de papel que se rasga, los labios se le separaron y
la mandíbula se le abrió de una forma en absoluto normal para un ser humano. Y
de su boca empezó a emerger lo que parecía una crisálida de color blancuzco y
completamente recubierta de una película transparente. Mi compañero retrocedió
hasta mi. Aquella mujer seguía balanceándose en aquel sitio; pero nosotros ya
habíamos visto demasiado. Nos lanzamos a la escalera hacia abajo. Y, con
horror, advertimos que aquella cosa que ya no era una anciana, con el capullo
saliendo de su boca, nos perseguía. Su cabeza, alzada para dar salida a aquella
monstruosidad, se balanceaba como si fuera un globo y sus manos se abrían y
cerraban en busca de una presa. Por fin aquella cosa salió de su cavidad y la
mujer cayó al suelo como un peso muerto. Aquello palpitaba con una vida
inimaginable y, aunque mi compañero se quedó a mirar, yo no hice otra cosa más
que seguir hacia abajo, y más abajo… hasta perderme en las sombras.
Desperté de nuevo en una sala enorme, cerca de una pared. Me alce a
medio cuerpo para saber donde estaba. Mas no tenía conocimiento de aquel lugar.
Oía ruido de máquinas, más allá de donde estaba yo, al doblar una esquina. Y
entonces noté como cambiaban las paredes de forma, para dar paso a unos brazos
que ansiaban cogerme y unas cabezas que lanzaban gemidos lastimeros en su
avidez por mi captura. Solo lograron asirme de mi indumentaria. Me levanté como
pude y les dejé que se llevaran mi chaqueta. Aquellas formas retrocedieron en la
pared y desaparecieron de mi vista.

- ¿Qué es esto?- pregunté.
- Eres bienvenido. Todos lo son,
de una forma u otra.- respondió ella.
Observé el suelo que pisaba. Se trataban de baldosas rotas; bajo este
suelo, se oía el ronroneo de maquinaria pesada, como si una gran industria
estuviera debajo nuestro. La niña iba descalza, mas ninguna esquirla de baldosa
parecía dañarla. Cruzamos un pasillo que estaba iluminado tenuemente. El suelo
se iba deshaciendo a nuestro paso, como si al menor contacto se desintegrara.
Había más gente, pero todos iban hacia una luz más brillante al final del
pasillo.
- ¿Por qué estoy aquí?- pregunté
de nuevo.
- Cada uno escoge su propio
infierno. Ya ha pasado el tuyo.- me respondió ella.
La luz me cegó y yo pasé a través de ella.
Joder, buenísimo Pedro!
ResponderEliminarCuántas referencias me han venido a la cabeza: de Dante a Lovecraft pasando por Stephen King... La muerte o posesión del cuerpo del compañero resultaba muy gráfica, jejehe! Me ha encantado! Y también ese puntito religioso de castigo expiatorio... Chico, muy chulo! Lo tengo que compartir!!
Me queda una duda y es el por qué ha sido ese su infierno particular. Me gustarían más datos del protagonista al principio. Si no es mucho pedir, claro ;)
Un beso y me gusta este tono de relato. Mucho, mucho! Muuuack!
¡Hola Tania!
EliminarMucho hace que no te pasabas por aquí... Era algo arriesgado el escribir semejante relato, máxime aún cuando, al igual que Lovecraft está basado en un sueño (aunque llamarle pesadilla sería más acertado) que tuve hace poco menos de un mes. Con respecto a la duda que tienes de su propio infierno, ni siquiera puedo darte una respuesta mínimamente satisfactoria, puesto que así dijo la niña del sueño y así lo reproduje.
Como siempre te digo, muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, porque te ha gustado.
¡Un beso enorme! Muuuuuuakas.
Me ha encantado la trayectoria que hizo el personaje principal en el infierno. Un santo del ortodoxismo decía que cuando se acaba nuestra vida en esta tierra, primero vamos a visitar el infierno y luego el paraíso (o al revés no me acuerdo)y solamente después de 7 días vamos a saber cuál será nuestro lugar. ¡Ojala esa niña sea el ángel que lleva el alma al paraíso para siempre!
ResponderEliminar¡Hola Sandra!
EliminarMe gustaría pensar que este relato tiene un mínimo de coherencia, sobre todo a raíz de como se va desarrollando; el camino de los sueños tiene diferentes interpretaciones y la tuya es una que probablemente sea bastante acertada... vete a saber...
Gracias por tu interpretación y espero verte por aquí siempre que desees volver.
¡Un beso!
Me ha fascinado como siempre sin palabras!. No hay argumento que pueda valer.La torre cilíndrica, los cuerpos despellejados,la metamorfosis de la anciana increíble,anonadada!Aunque el camino haya sido complicado creo que de alguna manera todos tenemos que pasar por el purgatorio como última etapa de santificación para poder entrar al cielo,porque si fuera el infierno no hubiera visto a la niña! pero en el momento que vi niña vi la luz!
ResponderEliminarBuenísimo!!..Felicidades
Un saludo
¡Buenas Elisa!
EliminarNo estoy muy seguro de como interpretar el final del relato. La luz cegadora puede ser un nivel más de su propio infierno como existencia o, realmente, puede que haya logrado la salvación. Es un asco que, cuando los sueños se empiezan a poner interesante, es justo cuando abres los ojos...
Gracias de corazón por haberte convertido en una comentarista con asiduidad.
¡Un saludo!
Muchas gracias a ti por responder mis comentarios! Además no comentar tus relatos,historias,pesadilla,es como no haber leído nada!
EliminarA mí personalmente me atrapan desde la primera letra que veo y leo,en fin muchas gracias por compartir esto con todos nosotros.
Felicidades.
Un Saludo
¡Saludos Elisa!
EliminarAl igual que piensas que no comentar en un blog es como no haber leído nada, de la misma manera yo pienso que no contestar todos y cada uno de los comentarios que se dejan en el blog es hacer un poco de desprecio a quien lee. Las gracias, por supuesto, son también para ti y para todos los que me hacen escribir cada vez un poquito más y lo que es más importante: Aprender a escribir.
¡Un abrazo muy grande!
Lo leí anoche y esta vez me alegré de no ser prolífica en soñar, porque mientras me dormía no me podía quitar la serie de terrores que nos narras uno detrás de otro. Lo del ahorcado... madre mía...
ResponderEliminar¡Un abrazo!
¡Hola Candela!
EliminarAunque hablamos de esto en alguna que otra ocasión, creo que todo el mundo sueña algo aunque luego no recuerde el qué y, en ocasiones, el sueño es tan vivido, casi tangible, que parece que juega a ser realidad. Por fortuna o por desgracia, este fue uno de la última categoría y, cuando me desperté, lo primero que pensé fue "No te olvides, no te olvides"; el resultado, Infernum.
¡Un abrazo muy gordo!
Hola Pedro! Las imágenes iniciales me han recordado a la peli de Origen, ¿la has visto? Muy interesante ese camino hasta descubrir la verdad. Todos debemos recorrerlo, de una forma o de otra.
ResponderEliminar¡Hola Elena!
EliminarVi la peli de Origen, aunque me pareció demasiado enrevesada para mi gusto; he de decir que tendré que verla una segunda vez para ver si fue impresión mí o qué. Me alegra que te haya parecido interesante y que añadas otro foco distinto a los anteriores comentarios, proponiendo una búsqueda de la verdad. Y, ciertamente, cuando toca recorrerlo, toca.
Muchas gracias por tu paso por el blog, que ya se te echaba de menos.
¡Un abrazo!
“Un sueño que no se examina es como una carta que no se abre”, dice el Talmud Tú has abierto la carta.Y, además, la hemos leído.
ResponderEliminarSaludos, compañero.
¡Hola Pilar!
EliminarSin palabras me ha dejado tu comentario. No se puede decir más en tan poco espacio. Me ha emocionado muchísimo y es de esperar, por el tono que tiene, que te haya gustado. Muchísimas gracias por el comentario y espero verte por aquí de continuo.
¡Un abrazo!
¡Hola!quería informarte de un proyecto que tengo en marcha en mi blog, en el que me gustaría con escritores aficionados de calidad. Me gustaría construir una sección donde nuevos talentos, nuevas promesas, o artistas que se quieran dar a conocer, publiquen sus trabajos. Me interesan mucho nuevas obras literarias, en cualquier formato, capítulos o cuentos breves, y creo que la tuya podría tener muy buena aceptación. Así que si quieres que publique algo en mi blog, sólo has de decírmelo. Pondríamos una ficha biográfica tuya con datos profesionales y de contacto que consideres oportunos. Así, difundimos tu obra y a la vez dotamos a mi blog de un contenido muy interesante. Espero que te interese la propuesta, házmelo saber contactándome en la pestaña de 'Contacto' de mi blog, en la barra lateral derecha. Un saludo.
ResponderEliminarhttp://humanidadesyalgomas.blogspot.com.es/
¡Buenas Patricia!
EliminarParafraseando a The Ramones: "He, ho... Let's Go!"
¡Un saludo!
Desde luego que si eso fue parte de tu pesadilla tuviste que pasar mala noche.
ResponderEliminarRecreas muy bien el ambiente onírico: las cosas suceden una tras otra pero no necesariamente de manera causal o lógica, aunque el que sueña siente las relaciones entre las cosas, como el protagonista del relato, que parece intuir algunas de ellas.
¡Bravo por el relato! Aunque te recomendaría que hicieses cenas más ligeras. Por lo de las pesadillas, digo ;)
¡Buenas buenísimas, Carme!
EliminarAclaro que en realidad no pasé mala noche, ya que soñé de un tirón y, al despertar, hice un esfuerzo muy grande para intentar no olvidar nada de lo que sucedió. Tal vez el texto en cuestión sea muy descriptivo, e incluso se haga pesado, pero es algo muy necesario para sumergir al lector sin concesiones en un mundo de pesadilla.
Y tu recomendación... decididamente creo que puedo prescindir de la cena. Ni me acuerdo que cené esa noche... jejeje.
¡Un abrazo muy gordo!